Si llegaste a esa etapa en la que necesitás alejar el celular para leer pero seguís necesitando ver bien de lejos, no hace falta que cargues con dos anteojos distintos.
Los lentes multifocales (o progresivos) son la solución ideal para resolver todo en un solo par. A continuación, te explicamos de forma simple cómo funcionan, por qué aparecen y cómo elegir el mejor para vos.
A partir de los 40 o 45 años, el cristalino del ojo empieza a perder flexibilidad de forma natural. Esto dificulta el enfoque de objetos cercanos, un proceso conocido como presbicia que nos pasa a todos.
Si además ya tenías miopía, hipermetropía o astigmatismo, vas a necesitar corregir más de una distancia al mismo tiempo. Ahí es donde entran los multifocales.
El lente progresivo tiene tres zonas de visión integradas en un solo cristal:
La transición entre cada zona es gradual y sin líneas visibles, lo que les da el nombre de "progresivos".
Los bifocales tienen una línea visible que divide el lente en dos zonas. Los progresivos eliminan esa línea, ofreciendo una transición natural y una estética mucho más moderna.
Es normal que los primeros días sientas que el mundo "se mueve" ligeramente al girar la cabeza. Esto es parte del proceso de adaptación del cerebro a las nuevas zonas del lente. La mayoría de las personas se adapta en menos de dos semanas.
No. La calidad depende del diseño interno. Los de alta gama tienen zonas más amplias, mejor transición y menor distorsión periférica. La elección correcta depende de tu receta, tu estilo de vida y cuántas horas usás los anteojos.
En Optisil te asesoramos para encontrar el cristal ideal. ¡Un solo par para todas las distancias!